Dos semanas en Bogotá
Hace poco, vi un documental de Anthony Bourdain sobre Colombia, donde elogió el país como uno de los mejores destinos para comer en el mundo. Me encanta mi ciudad, pero después de un año de parrillas y medialunas, estaba listo para probar cosas nuevas. Su episodio me inspiró y, con unos pocos cientos de dólares menos, tenía mi boleto.
Después de dos semanas en la capital de Colombia, estoy de acuerdo: la comida es rica. Llegué por la noche pero por suerte había un restaurante coreano cerca de mi Airbnb y la comida era deliciosa, llena de especias que no existen en Argentina. El próximo día comí un ajiaco y algo cuyo nombre no puedo recordar. Había mucha comida tradicional y comida asiática, y todo fue fantástico. La escena de gastronomía de Bogotá es suficiente razón para visitar.
La ciudad en sí estaba buena. No es una ciudad linda, pero tiene su propio encanto. Más allá de la gastronomía, está ubicada en las montañas: están siempre presentes. El clima es temperamental, cuando hay un poco de lluvia, la gente empieza a correr, porque en un solo minuto puede ser un aguacero. Me di cuenta rápido porque todos llevan su paraguas.
La ciudad se está desarrollando rápidamente, pero podés ver que el desarrollo ha estado desigual: el norte, donde quedé, parece una ciudad de EEUU, muy de moda con marcas de lujo. Incluso hay marcas no permitidas en los EEUU, como la de autos: BYD. Pero el centro es más humilde, más real, con mercados llenos de gente vendiendo frutas, bolsitas, flores, cosas random. No visité el sur, porque he leído que puede ser un poco peligroso, y mucho menos la zona de tolerancia, donde la policía se hace la distraída de la prostitución y las drogas. Y en todos los lugares, hay gente sobreviviendo en las calle de cualquier manera que puedan encontrar.
Es una ciudad complicada, en un país con una historia turbia. Pero con su estabilidad reciente, está creciendo rápido, y su ubicación es ideal para unir el sur con el norte. Si sus líderes pueden navegar las próximas décadas, no me sorprendería ver Bogotá como la ciudad más avanzada de Sudamérica.