Bariloche
El mes pasado, fui a Bariloche para celebrar mi cumpleaños. Era la primera vez que visitaba el sur de Argentina. Mucha gente me había dicho que me iba a encantar, así que mis expectativas estaban altas.
Las vistas desde el Airbnb no me decepcionaron: el lago Nahuel Huapi es lindísimo y el Airbnb estaba ubicado en una colina, con una vista sin obstrucciones. Me quedé cerca del kilómetro 7, fuera del centro de Bariloche (que es un poco aburrido, re turístico), pero lo suficientemente cerca para ir a cenar y hacer compras. Los colectivos funcionan bien aunque eran bastante llenos; afortunadamente, los taxis (tipo Uber) abundaban y eran baratos. Me pareció raro poder pedir un taxi desde un sendero por 15.000 pesos (~10 USD).
Los senderos son hermosos y durante mi semana hice tres: Frey, López, y Jakob. Cada uno terminó en un refugio, donde podés comprar bebidas y comida (tipo sándwich). En Jakob incluso había algunas camas para senderistas que estaban haciendo trekkings más grandes. Qué lujosos los refugios, por los ojos de este estadounidense. En mi experiencia en EEUU no hay nada parecido: no hay lugares para descansar o comprar algo en medio de la montaña. Solo caminé por las montañas tres veces porque el clima no fue mi amigo este viaje. Haciá frío, algo raro para diciembre, y la mayor parte del tiempo llovió o había vientos fuertes. Por eso, tuve la suerte de que las vistas del lago fueran tan impresionantes.
Todo el tiempo que pasé en Bariloche, me me resultó familiar: las montañas, los lagos, el clima... todo me recordó a los lugares alrededor de Seattle. Mis amigos tenían razón. Es linda saber que no tengo que volar 15 horas para sentirme como en casa.